sábado, 23 de septiembre de 2017

Qué buenos vasallos, si tuviesen buen señor


     Cataluña es una provincia que no hay rey en el mundo que tenga otra igual... Si la acometen los enemigos, la ha de defender su rey sin obrar ellos de su parte lo que deben ni exponer su gente a los peligros. Ha de traer ejército de fuera, le ha de sustentar (...) y este ejército, ni echado el enemigo ni antes de echarle (...) no le ha de alojar la provincia.  (1640)

     Así comunicaba su hartazgo el Conde-Duque de Olivares al virrey Santa Coloma, cuando la Cataluña ocupada exigía ser defendida por una Unión de Armas peninsular con quien se negaba a colaborar.

     Hoy estos soldados visten de verde y azul, tampoco los ha de alojar la provincia, no defienden sino a una mayoría real y a la Ley Magna refrendada por la mayoría absoluta de los catalanes, y no reciben sino el ataque y el desprecio más absoluto de los cachorros autodenominados populares y la indiferencia o el silencio cómplice de una denominada mayoría silenciosa.
Han sido entrenados para defender la Ley ante cualquier enemigo, pero ahora los envían contra un niño con síndrome del emperador.

     No sabemos si en la historia ocuparán el lugar que merecen, pero sí sabemos que, de momento, ocupan un zulo en un barco o una habitación compartida en el hostal de una población que los obsequia con nanas de cacerola.
Mientras tanto, los señores de estos vasallos ya preparan el armisticio: otro premio para el niño tirano, como si esa solución pudiera tener algo de real o duradera.
Mientras tanto, la otra mayoría silenciosa los ataca con la más cruel de las armas: la indiferencia y el silencio. 



     Tú, Agente, que soportas al payaso de la calle y del Congreso, que ves repetirse Casas viejas, que te entrenas para obedecer órdenes de quien no se entrenó para emitirlas; tú, que lo haces por mí, por que mis hijos vivan en un lugar mejor que el que votamos, que no te importa que las medallas vayan luego a otro pecho; tú serás el único de esta historia a quien recordaremos por actuar siempre fiel a tu deber, sereno en el peligro, y  desempeñando tus funciones con dignidad, prudencia y firmeza. 
Ganaremos todos porque ganaréis vosotros.
Qué buen vasallo, si tuvieses buen señor...




lunes, 13 de febrero de 2017

De ofendidos, ofendidas y otros gilipollas.


<- ¡Hola!
- ... - Seguro que ha querido decir Holanda, en Holanda se hace mucho queso, el queso viene de la leche, la leche de la vaca... - ¿Que estoy como una vaca?, ¿te has visto tú?, ¡vamos! faltaría más...>

     Sin llegar, normalmente, a este grado de desequilibrio mental, todos hemos tenido que lidiar con esta clase de personas a las que todo ofende.

     En una ocasión compartí una serie de pautas que me parecían recomendables a la hora de tomar una decisión sobre un tema muy específico. Era imposible ofenderse al leer aquello, puesto que podía servir para elegir cualquiera de las opciones posibles; los consejos no versaban sobre qué elegir, sino sobre cómo afrontar la decisión. Pero no, no era imposible. De pronto, la esperpéntica figura del ofendido surgió, espada en mano, acusándome de querer imponer a todo el mundo la opción a elegir. No había entendido nada, pero, por si acaso, atacó.
     Y es que, al igual que hay personas que escriben, conocen las normas de la escritura, pero no saben escribir, las hay también que saben recitar la palabra escrita, pero no saben leer.

     Nuestro ofendido se ofende porque hablas, porque callas, porque sonríes, porque lees, porque opinas, porque ahorras, porque gastas...; porque cada vez que lo haces lo acusas de que no sabe hablar, de que lo ignoras, de que te ríes de él, de ser un inculto, de que su opinión es ridícula, de que derrocha, o de que no disfruta la vida. 
     El ofendido se ofende porque sí, porque yo me ofendo - tú me ofendes -  él me ofende. El ofendido, si ha llegado a leer hasta aquí, está convencido de que este texto se dirije a su persona desde el primer "hola", aunque ni me conozca. El ofendido es también el pellejo fino que critica Ivars, o el eneamigo que una vez describió mi amigo Maxi en su blog.

     El peligro del ofendido es que tras esta fachada de falsa dignidad esconde una mezcla de soberbia y complejo de inferioridad de la que también es víctima, y, sobre todo, una envidia enfermiza a todo y a todos que lo consume y atormenta.
    El ofendido te odia porque se odia.
     
     Así que para todos aquellos y aquellas que se ofenden si no especifico "y aquellas", para quienes se creen insultados cuando se les rebate, para quienes no distinguen entre debate y pelea, para quienes creen que "metáfora" o "símil" es una nueva tienda de ropa, y para todas las demás variantes: ¡gilipollas!.

domingo, 1 de enero de 2017

Navidad. Verde Navidad.



- Feliz año, Yeray.
- Feliz año.

Nos dimos la mano haciendo un intento de abrazo en el interior de aquel Peugeot 306 que había recorrido ya más de 500.000 kilómetros. Desde el lugar donde estábamos apostados controlábamos las principales arterias de la localidad, teníamos cobertura, y podíamos mantener el vehículo arrancado (y con ello la calefacción) sin molestar a nadie.
Yeray llevaba en aquel horrible lugar ocho años, prácticamente desde que salió de la Academia. El mismo tiempo que llevaba intentando volver a las Islas Canarias.

- ¿Cómo va lo de tu recurso? -pregunté.
- ... ¿Eh? - dijo al cabo de unos segundos.
- Tu recurso, el que hiciste por el último curso que te denegaron.
- No, nada. Aún nada... Ni de eso ni de lo otro. Y lo peor es que empieza a darme igual ¿sabes?

Yeray aguardaba la publicación de vacantes como el campesino espera la lluvia, pero la crisis, los recortes, o vete a saber qué lo mantenían por aquellas tierras sin posibilidad de cambio año tras año. Había solicitado, además, realizar varios cursos de especialización que le permitieran abrir el abanico de destinos, pero todos le fueron denegados por "necesidades del servicio", un concepto bajo el que casi siempre se escondía uno de los métodos de autoritarismo discrecional que quedan aún en esta Santa Institución. Recurrió por escrito, pero la respuesta se hacía esperar, como la cordura.
Cuando entramos en el Cuerpo sabíamos que estaríamos fuera de casa un tiempo, pero no nos dijeron que sería a estilo carcelario.

- ¿De lo otro tampoco?
- No. Bueno, como si no.
- Yeray, no es por meter cizaña, pero tienes derecho a que te agrupen los servicios y con ello los días de descanso.
- Ya, ya lo sé. Y él también lo sabe. Y sabe que llevo sin ver a mi familia un mes y medio. Y todos los meses se lo recuerdo antes de que haga el cuadrante.
- ¿Y?
- Nada. Cada vez que me quejo me pone los turnos peor. El mes pasado, para que te hagas una idea, quería dar parte de mí por zapatos sucios, y me acababa de mandar a identificar a unos en el río. - Se quedó pensativo - Luego como mucho me coloca cuatro descansos seguidos, que ya ves tú si me da tiempo en cuatro días a...entre el viaje y... En fin... Entre unas cosas y otras...
- ¿Qué?
- Nada. Luego se preguntan por qué en nuestra empresa hay una media de un suicidio cada 26 días.
- Hostia, Yeray. No me jodas...
- Qué. No te dejan pedir destinos porque no los publican; no te dejan hacer cursos porque tu jefe puede alegar que te quiere mucho; no te dejan ver a tu familia porque ese mismo jefe no quiere idear otro turno. Sacan veinte normas hablando de la "conciliación familiar" y del "derecho a la promoción profesional" y dejan en manos de cualquiera la potestad de que nada de eso se cumpla, de que no puedas casi ni... En fin, háblame tú de ilusión, de motivación, de ganas de... yo que sé
- Bueno, ¿cómo va tu mujer? ¿le renovaron al final el contrato, no? - dije intentando cambiar el tercio.
- Sí, menos mal. No es gran cosa, pero la hipoteca sería una auténtica losa sin el curro del supermercado.
Tras un silencio en el que se quedó... no sé si mirándome o mirando hacia donde estaba yo, dijo 
- No me habla casi. No sé...
Lo miré sin saber qué decir que no fuera absurdo
- Lleva un tiempo distante. Cada vez más. Empiezo a sentirme tan extraño en casa como aquí ¿sabes?.
- ¿Y el niño que tal? ¡Estará hecho un hombrecillo ya! - Acerté o desacerté a decir.
- Hecho un tío (dijo con una mezcla de cariño y tristeza). Ayer los vi, por Skype...
No pudo seguir la conversación, ni yo seguí preguntando. Ni quise tampoco mirarlo a la cara. Llevaba días apático, lejano, como quien pierde la mirada en el horizonte porque espera ver aparecer lo que anhela, pero sin la esperanza de que aparezca.

La noche transcurrió sin mayor novedad, salvo una pelea en un bar y unos quinceañeros que nos recordaron con odio- ¡Eh!, ¡que yo pago tu sueldo!. No era, precisamente, la primera vez que trabajábamos en unas fechas tan señaladas, pero sí era la primera vez que lo hacíamos con aquella sensación de desamparo. Sin más compañeros en el cuartel, con la familia a tantísimos kilómetros, y sin más cara amable que algún contado paisano, solo te queda aferrarte al smartphone a la espera de noticias de los tuyos, o a la compañía de quien sea que, de un modo u otro, no te manifieste su desprecio.
Aquella Navidad, la soledad nos golpeaba más fuerte que el frío puño del cierzo.
Al llegar a la casa-cuartel, se dirigió a su pabellón sin mediar palabra, cabizbajo. Era la viva estampa de una estampa de la Pasión. Me quedé observando la situación unos segundos  y le dije:

- ¿Qué pasa? ¿Aquí no se echa la penúltima, o qué?
No sé si me oyó, pero, si lo hizo lo disimuló perfectamente.
- ¡Yeray!
- Dime, compañero. - Dijo volviendo la cabeza
- Vamos a tomar algo, aunque sea aquí.
Me sonrió con los labios y murmuró:
- Otro día, mejor. Nos vemos.

Me quedé observando cómo se dirigía al edificio, cómo subía los escalones y entraba a su vivienda. Silencioso. Me estaba haciendo polvo. 
Entré en la mía, intentando recordar a qué me recordaba esa escena. Al cabo de unos minutos, casi al tiempo en que lo recordaba, escuché un sonido seco, leve, metálico que erizó cada uno de los pelos de mi cuerpo.
Salí de casa y corrí aquel camino que mi compañero deambuló en silencio, en el silencio de los corderos, minutos atrás. Las llaves colgaban de la cerradura, por lo que entré sin llamar. Estaba semidesnudo, sentado en el sofá con pantalón, abrigo, arma y todo lo demás a su lado, mirando la televisión como quien oye llover. Me observó sin mucho sobresalto:

- ¿Qué pasa?
- Nada... - Tras un par de eternos segundos acerté a decir: - Oye no me funciona la calefacción... Lo siento pero me vas a tener que acoger aquí esta noche, así que olvídate de soltar pedos a discreción ¿eh?
- Vale hombre, vale - dijo sonriendo.
- Oye, me ha parecido oír antes algo raro... ¿te habías caído o algo? - no sabía cómo preguntar sin que quedara ridículo, y no lo conseguí.
- Ah, no, no. Se me cayó la carpeta esta - dijo señalando una carpeta metálica de esas que llevan un clip para sujetar el papel y poder escribir de pie.
Respiré hondo, aunque aproveché que me tenía que hacer hueco en el sofá para comprobar que la corredera de la "compañera de metal" no había sido accionada.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Un abuelo rojo y otro abuelo facha

   Dios me libre de meterme ahora a crítico literario, y más sin tener ni idea, no se trata de eso, pero este libro creo que merece un pequeño comentario.
    Me propuse leer el libro sin antes leer críticas publicadas, entrevistas al autor y todas esas cosas que, tal y como decía P. Carmona Pastrana en “Formas de enfrentarte a la lectura de un buen libro”, se deben evitar. Al concluir había descubierto que la mitad del libro era una autobiografía y la otra mitad era realmente un compendio de artículos del autor, la mayoría publicados en El Confidencial, y decidí que debía contaros mi descubrimiento en primicia. No sé si esto es acertado, si dentro de unos años el lector entenderá o hilará los mismos. Antes de hacerlo, casualmente, fui a parar a una entrevista al autor donde explicaba la estructura del libro y ya lo había contado todo él, así que decidí abrazar la táctica contraria y leer, antes de escribir, todo lo que encontrara por la web. 
   Barajé hacer un comentario personal sobre la obra, su porqué, la sorprendente acción de escribir una autobiografía con 30 años, enlazarla a sus artículos de opinión ya publicados, y que todo ello tuviera interés y fuera el resultado del enriquecimiento que supone haber crecido con "un abuelo rojo y otro abuelo facha". También estaba hecho, la segunda en la frente, así que dejé pasar los días y escribir lo que ha quedado del libro en mí, lo que le tengo que agradecer a mi joven paisano.
   Juan Soto Ivars, quien, por cierto, pasó parte de su infancia en Alcantarilla, demuestra en esta obra que lo importante no son los años de la vida, sino la vida de los años (esta frase es mía, lo que ocurre es que Abraham Lincoln la escribió antes que yo). Hay otra forma de afrontar la vida aparte del camino de los prejuicios y las etiquetas, y nuestro autor ha decidido ponerla en práctica en su libro y en su trabajo como columnista de opinión. Es de los pocos que, en ocasiones, pueden hacer que te replantees ciertas opiniones o que te des cuenta de que, por más que te empeñes en el prisma del blanco o negro, hay una innegable escala de grises que facilita la convivencia. No obstante, si bien es cierto que dispara a izquierdas y derechas según crea que merecen, no es menos cierto que a unos suele disparar con munición Gamo 4,5 mm y a otros con 5,56 NATO, y lo entiendo porque a mí me pasa exactamente igual pero justamente al contrario. No obstante, el mérito de encararse a pecho descubierto contra cierto “buenismo”, la moderna progresía del postureo y lo absurdo de la dictadura de lo políticamente correcto, es innegable; y por ello tiene a gala que los “rojos” le llamen facha y los “fachas” le llamen rojo. 
   Hacía tiempo que no me divertía tanto leyendo un ensayo, aun no estando de acuerdo con algunas de las partes. Haced una prueba: coged el libro e intentad leer solamente las dos primeras páginas. Es imposible. 
   Decía Holden Caulfield que había leído muchos libros, pero los que realmente le gustaban son “esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras. No hay muchos libros de esos”. Bien, pues este es uno de esos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Dais mucha pena. Mucha. Además de asco y risa.



     19/11/2016. Sábado.
     
     Ha llegado a mis manos el último trabajo de Juan Soto Ivars, "Un abuelo rojo y otro abuelo facha. Manifiesto contra el mito de las dos Españas", así que la tarde se presentaba, por fortuna, de manta, sillón y buena lectura.

     Elegido el plato principal, como postre estoy releyendo 1984, de G. Orwell, que viene muy bien en estos tiempos de vendedores de motos y milagros. El menú estaba completo hasta la hora de la cena.

     La tarde pasa indefectiblemente rápido. A las 20:40 vuelve a casa la familia, por lo que abandono mi pequeño Yuste y vuelvo a la realidad. El niño está jugando en el salón y allí me dirijo mientras consulto las noticias en ese smartphone que olvidé durante siete días hace unos meses... "Miles de familias viven sin suministro eléctrico" (la primera en la frente): "Cocinar con alcohol en una lata y tirar de la ducha portátil: así es vivir sin electricidad". Indignado, me dispongo a lamentar la situación, cuando observo el paquete de Lucky Strike en la mesa y el pitillo en la boca del inquilino. - Hombre, eso cuesta unos 150 euros mensuales... Casi el doble de mi factura de luz... (pensé). Mala portada de noticia han elegido.

     ¡Tick-Tick!, anuncia mi smartphone. El mensaje es de un compañero de trabajo: - Te toca currar en Nochevieja. Echamos unas risas y, después de varios emoticonos (yo más serio que la Guardia Real Británica) dejo el teléfono en la mesa y pienso: - Al menos me toca currar.

     Durante la cena, un programa de actualidad incide sobre el sentimiento de desprotección de la gente, personas que temen despertar y que hayan cortado la luz de casa, una deuda pública rampante, un fondo de pensiones que agoniza... y mi mujer que me observa desde el otro lado, cambia el canal. - Por hoy es bastante, que es sábado, dice.

     La película elegida es "Maléfica". En el sofá, el niño ya está buscando cobijo en mi regazo. Me encanta ese momento de la noche. Las malas noticias del día se ven con otros ojos cuando miras la... ¡Tick-Tick! - ¡Tick-Tick! - ¡Tick-Tick!. Whatsapp me reclama con urgencia. Deslizo el dedo por la pantalla y leo: 

                   "Dais mucha pena. 
                     Mucha. 
                     Además de asco y risa."

    - ¿Perdona? Y la conversación continuó sin satisfacer mi esperanza de que se tratara de un error, de que el amigo hubiera errado el destinatario. La razón de esta dedicatoria no era algún comentario mío en alguna noticia importante, ni lo era algún artículo de este medio que pudiera resultar ofensivo por la importancia del contenido. No. 
     Resulta que estaba en curso (o había terminado) un partido de fútbol, el amigo había ganado y yo había perdido (o algo así) y yo era un completo ignorante al respecto. "Hemos ganado", que viene a ser "Hemos fornicado" tras ver una película X, por lo que "dais pena, risa y asco". Impresionante.

De este modo se aliñó la crónica de mi sábado, con más experiencias y menos estupidez. Y con esa segunda persona del plural del verbo dar a latigazos en mi mente con lo que queda de esperanza en nuestra especie.


martes, 1 de noviembre de 2016

Izquierda y Cultura



     Se da por hecho que cualquier poeta, músico o actor que se precie está dotado de una sensibilidad especial que le obliga moral e intelectualmente a militar en la izquierda, y si es en su nueva evolución, "la gente", mejor que mejor.

     Ser un gente dota al artista, cual martillo de Thor, de una capacidad sobrehumana que lo habilita para emitir doctos juicios de política, historia, sociedad, suciedad y hasta economía (el neoculto de otro artículo). Ser un gente autoriza al ejercicio en exclusiva de la libertad de expresión, a hablar de democracia mientras se silencia al resto, o a insultar mientras se exige respeto. Ser de la izquierda de la gente es, en definitiva, el copón.

     ¿Qué es, entonces, ser culto? Una persona culta es una persona dotada de las cualidades que provienen de la cultura o instrucción. Y ¿qué es la cultura? La cultura es el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. (RAE)

     ¿Es, entonces, la izquierda nivel "gente" el paladín de la cultura? Evidentemente no. La izquierda abandera lo que Pérez Reverte llama "cultura de diseño", el arte, en todo caso, pero en ningún modo el conocimiento necesario para emitir un juicio crítico, cabal. Así, alaban las políticas sociales de países nórdicos pero atacan y demonizan (muy artísticamente, eso sí, las políticas económicas que las hacen posibles. En este sentido, el último mantra de los gente, por ejemplo, son las políticas de Salvador Allende. Un experto analizaría la validez de las mismas estudiando los datos objetivos, y comenzaría su discurso con que este señor, tras nacionalizar la producción y la minería, subir los salarios a base de imprimir billetes, en solo 3 años consiguió que:
        * la inflación ascendiera un 606%
        * los salarios reales bajaran un 38,6%
        * el déficit subiera al 25% del PGB
        * la deuda externa sumara 253.000.000 de dólares
... Y en el segundo dato analizado ya estaría aburridísimo el 50% del personal y durmiendo el 25. (Típico problema del discurso liberal)

     Bien, conocer estos datos, los resultados, y opinar en consecuencia sería un ejemplo de pensamiento culto. La cultura de los gente, por contra, elimina la parte aburrida del asunto, hace un cartel con la cara de un abuelete afable, entrañable, y compone una canción preciosa a la par que fuerte que zarandea la conciencia social del más liberal ("El pueblo unido jamás será vencido"). Después de esto poco importa ya que Allende fuera un completo desastre, si no les votas no tienes corazón. 

     Hace unos meses le dije a un gente que la diferencia entre un liberal y ellos radica en que el liberal, cuando necesita un poeta busca a un poeta, cuando necesita un cantautor busca a un cantautor, cuando necesita un economista busca a un economista, y cuando necesita un mecánico busca a un mecánico; en cambio cuando los gente necesitan un artista buscan a un artista, cuando necesitan un economista buscan a un artista, y cuando necesitan un político buscan a un artista. Por eso no se extinguen, pero por eso mismo también siempre, siempre fracasan.
     

sábado, 29 de octubre de 2016

Del suicidio y sus muertes


    Si tuviera que buscar un parecido literario lo encontraría en Los tres mosqueteros. 
Amigos desde que teníamos uso de razón, en esta adaptación yo hubiera sido Porthos, el más ordinario de los tres; Athos, el otro del trío que aún puede leer esto, la personificación de la nobleza; y él… él hubiera sido Aramis.

    Mi teléfono sonó sobre las doce horas. Al otro lado, el Athos de aquel trío me anunciaba con voz entrecortada: “(…) esta mañana (…) nos ha dejado”. Mi madre, que estaba a mi lado y había escuchado la conversación, me miró compasiva, en silencio, consciente de que mi áspero carácter se hubiera venido abajo ante cualquier palabra. Nunca más seríamos tres.

    Es curioso cómo el uso de la lírica ha llegado a conseguir que algo como el suicidio pueda llegar a apreciarse desde una perspectiva romántica, hasta heroica en algún que otro caso, en tanto pueda ser el resultado de una elección libre y personal. No era el caso de nuestro amigo, que aquella mañana oscura de Navidad no pudo esquivar el puñal de la esquizofrenia, pero sí ha sido el caso de muchos otros que no han sabido encontrar otra salida en la irremediable negociación que cada ser humano ha de hacer con el mundo y su permanente hostilidad, en la constante lucha vital entre nuestra sensibilidad y los ataques de la vida.

    No es mi propósito, por tanto, juzgar al suicida (ojalá no hiciera falta que aclarase esto), pero sí lo es intentar aportar un argumento a tener en cuenta en esa negociación, en esa lucha en quienes tienen capacidad de decisión: la realidad de quienes dejan aquí, las vidas que mueren con él.

    Y es que todos vivimos en nosotros mismos, en el mundo y en cada una de las personas que nos rodean, y una importante parte de mí murió con él aquella mañana. 
No ha vuelto a haber una Navidad del todo feliz. La guitarra con que aprendimos juntos siempre me recuerda lo que fue y lo que nunca será. Todas las calles entre mi casa, el colegio y el instituto llevan ahora su nombre, y no acierto a distinguir entre los momentos felices que compartimos y el dolor. No nacerán niños que tengan su cara. No verá la luz ni nos iluminará el libro que quería escribir. Sus padres no podrán borrar nunca esas ojeras, y a nosotros siempre nos quedará el tormento de la duda, ese “debí haber estado”. 
No es cierto, doy fe, eso de que “el tiempo todas las batallas vence”; el dolor profundo de la pérdida contamina al fin, sin remedio, todo.

    Más tarde, en la Facultad, me tocó estudiar el suicidio desde el punto de vista académico, aunque la definición más acertada del mismo (con todos mis respetos a Durkheim) la encontré en una conversación con un compañero de trabajo, quien me dijo: “El que se mata de forma consciente no puede saber realmente lo que hace, aunque lo crea. Es una auténtica pena, porque es como cuando cometes un error, pero sin tener la oportunidad de arrepentirte”.

    Si algo puede haber de crítica en este artículo va dirigida al comportamiento de muchos de los que nos quedamos aquí. Creo que se engaña todo aquel que trata de levantar un halo de misterio, de leyenda o de romanticismo del drama del acto suicida. Alfonsina no se fue al mar a buscar poemas nuevos, ni la llevarán cinco sirenitas por caminos de algas y coral. No es lo mejor de la persona, sus virtudes, lo que le empuja a elegir la muerte, sino sus miserias más profundas. El suicidio es el triunfo bien de la enfermedad y la desgracia, o bien de lo peor de nosotros mismos. Que nadie se engañe, lo mejor de nosotros se queda en la vida.

sábado, 6 de agosto de 2016

"La villanía es perdonable, la ingratitud nunca"


    "Santiago de la Ribera en mil pasos", rezaba el titular. Se trataba de una visita guiada por la citada pedanía, ofertada por los servicios municipales de turismo. El guía, un historiador local de esos que todo pueblo que se precie de historia reseñable, la tenga o no, tiene. Normalito: ni flaco ni gordo en exceso, ni alto ni bajo en exceso, ni guapo ni feo en exceso, y, lo más importante, ni tonto ni listo en exceso.

    Sin entrar a detallar los antecedentes históricos de la zona, quedémonos con que con el matrimonio Barnuevo-Sandoval empezó todo. Ellos, entre finales del S. XIX y principios del XX, establecieron su residencia en estos sus terrenos, ideando un asentamiento racional y no masificado orientado a convertirse en lugar de veraneo para la alta alcurnia murciana, sin dejar de lado por ello a la clase obrera. Para ello, dieron grandes facilidades a la aristocracia regional al mismo tiempo que construyeron las casas de todos sus empleados, quienes las habitaban en propiedad a cambio de ofrecer, si fuera necesario, un vaso de agua y asiento en la puerta a doña Teresa Sandoval.




    Entre idas y venidas por las gestas del matrimonio, nuestro buen historiador calificaba el comportamiento de Barnuevo con sus obreros como "del más puro estilo al socialismo utópico"(sic), repasando, a lo largo del recorrido, las curiosidades, propiedades y bondades de los fundadores, en esa necesidad vírica que tiene todo cronista local de elevar a los cielos la, en ocasiones sencilla, historiografía de la zona.

   


    En un punto del recorrido llegamos a la Casa-Hotel de los Barnuevo-Sandoval. El matrimonio la construyó, según nuestro guía, como residencia de verano, y, en tanto nos detallaba la arquitectura de la construcción, el jardín, la iglesia contigua (actualmente Parroquia de la pedanía y también cedida al pueblo por la familia), llegó el momento clave de la tarde. Los actuales propietarios, herederos de la familia, habían limpiado su jardín, estaban en ese momento restaurando el interior de su casa y, al parecer, tienen pensado abrir una especie de escuela de vela antigua con sede en la planta baja de esta su propiedad. Aquí, nuestro guía toma aire, y acomodándose las gafas con un leve toque, levanta la cabeza, arquea las cejas y sentencia: "esta propiedad, lo que se tenía que haber hecho hace tiempo es expropiarla"(sic), y continuó su guión sin más, totalmente convencido de que el mejor tributo que a la familia Barnuevo-Sandoval podía rendir su pueblo es robarles su propiedad. Era el justo pago por las obras de sus antepasados. Me dejó sin habla. 

    En aquel momento, al tiempo que Adam Smith y el propio D. José María Barnuevo se preguntaban si habían oído bien, a mí me bajaba la tensión a 4 y 8. O me subía a 12 y 16, no lo recuerdo ahora mismo. Antonio Machado salía de su eterno descanso para volver a hablar sobre la envidia y el cainismo patrio, y Pérez Galdós volvía al más acá a reescribir: "La villanía es perdonable, la ingratitud no."

jueves, 21 de julio de 2016

La lectura de los necios


     El pasado domingo Pérez Reverte escribía un artículo sobre una "señora" que se había ofendido mucho por un gesto de caballerosidad del escritor a la entrada de una librería. Al terminar, el autor reflexionaba sobre lo poco que, vistos sus modales y cultura, la lectura parecía servir a la ofendida fémina.


     Y es que es ya un mal endémico la idea de que leer mucha cantidad alimenta el intelecto. Basta una conversación o un repaso a las publicaciones en redes para constatar la evolución de lo que Juan Manuel de Prada bautizó como "eruditos de google" en "eruditos de redes"; redes desde las que el mejor de los alicatadores da una clase magistral de Metafísica mediante la publicación de una viñeta con la cara de un viejete junto a un texto cuanto más escueto mejor. Y no solo eso, hasta aquí todo bien, es que no se te ocurra opinar a contrariu sensu, pues el más mínimo asomo de debate supone para nuestro erudito o erudita una declaración de guerra, una ofensa nacional.


     Por otro lado tenemos al "neoculto". El neoculto es una persona que ha leído mucho (o eso asegura). Muchas novelas, muchos libros de poesía (si es de autor desconocido, mejor), también puede que se lea todos los tuits de algún político o de escritores muy conocidos o muy poco conocidos, y hasta hace sus pinitos presentándose a la humanidad como (normalmente) joven escritor que regala al mundo su conocimiento, a un mundo que no lo entiende pero que, a su muerte, lo estudiará en las mejores aulas. Todo este potencial hace al neoculto emitir doctos juicios de historia, política, moral o actualidad desde la autoridad académica que le otorga la lectura de que hace gala, al tiempo que utiliza la verborrea progre que sí posee para vestir de veracidad su engaño, para deleite de sus seguidores y seguidoras, de sus camaradas y camarados.


     El neoculto se diferencia del culto en que el primero da lecciones de todo y no opina de nada, y el segundo da lecciones de su parcela de conocimiento y opina del resto; el primero basa sus lecciones en las lecturas citadas (cuando las hay), y el segundo en el juicio crítico producto de su estudio (no tiene por qué ser universitario, claro); el primero parece que sabe de todo porque habla de todo, y el segundo parece que sabe de todo porque habla de lo que sabe; el primero se ha formado normalmente en la Universidad de la vida, lo que da a entender que el segundo seguramente habrá vivido en Neptuno...; el primero da clases de libertad porque ha leído unas frases de Lenin en un grupo de Facebook, el segundo opina de libertad porque ha leído a Lenin (por ejemplo).

     Dejando a un lado lo anterior, o precisamente por lo anterior, tú y yo, que leemos, hablamos y escuchamos porque aspiramos a la cultura, hemos de aprender a distinguir, como decía Machado, las voces de los ecos; a que "el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando", pero claro, depende de qué se lea y de dónde se viaje, ¿no?

miércoles, 29 de junio de 2016

Rivera, no te columpies…



En un rápido repaso a los datos reales del 26J vemos lo siguiente:

   - 1/ En España hay 34.546.295 votantes de los que votaron 24.161.083 personas.

   - 2/ 7.906.185 de los anteriores lo hicieron al Partido Popular.


   - 3/ 16.254.898 personas no solo no votaron al Partido Popular, sino que lo hicieron manifiestamente en contra (exceptuando nulos y en blanco)


   - 4/ Visto lo anterior, el Partido Popular ha ganado las elecciones, pero con un 67 % de los votantes en contra.


     Teniendo en cuenta que en absolutamente ninguna papeleta aparecía Mariano Rajoy como candidato a la Presidencia del Gobierno (únicamente en la papeleta al Congreso por Madrid aparecía como Diputado número 1), el resto de Grupos Parlamentarios, que representan a unos 15.800.000 votantes tienen todo el derecho a proponer a otro candidato a la Presidencia, tal y como establece nuestra Constitución.


     Es un hecho comprensible que la gran mayoría parlamentaria no quiera a Mariano Rajoy como presidente, pues por muy buena persona que sea no deja de ser un portero repetidamente goleado, pero la autodenominada “nueva política” no puede erigirse en abanderada de la política "antisillones" y comenzar ahora el discurso con la condición sine qua non del veto a tres. Del mismo modo que el PP tiene que entender que es el más votado, pero en minoría absoluta; si quiere pactar, la mayoría absoluta del resto puede y debe exigir condiciones.


     Tras la vergüenza de unas segundas elecciones, el PSOE entiendo que se oponga, para evitar la pasokización, por lo que los elimino como opción con sentido de Estado en este momento; entiendo y deseo la abstención de Ciudadanos si no hay renovación azul; deseo esta renovación y el consiguiente voto a favor de Ciudadanos; pero ni deseo ni perdonaría a los “políticos del cambio” que se llegara a vislumbrar la posibilidad de terceras elecciones por querer sacar a relucir lo que en mi tierra llamamos “pecho palomo”.


     Rivera: te declaras, con razón, único exponente de la centralidad política en España. Así has actuado hasta ahora para disgusto de izquierda y derecha, y para deleite de tus votantes. Has perdido 300.000 votos gracias a Dios, porque no eran votantes de Centro Liberal y han preferido taparse la nariz y volver al corral. Ahora, eso sí, no te columpies…

domingo, 19 de junio de 2016

Contigo no, bicho.


    Si alguien se quiere ir al partido Liberal o al Conservador, que se vaya
Mariano Rajoy. Valencia, 2008.

    No solo Esperanza Aguirre quedó ojiplática tras esta delirante declaración de intenciones de Mariano I "el escondido". 
    Cánovas del Castillo hacía un respingo en su tumba, y, en el presente, una lista de destacados como Santiago Abascal, María San Gil, Mayor Oreja y otros, comenzaban una fallida búsqueda, puertas adentro, de los principios fundamentales "populares", encontrando únicamente un "sigue buscando".

    Mariano había invitado a cerrar la puerta por fuera a las dos bases ideológicas del Partido, y, ocho años después, los invitados a abandonar el barco han aceptado la oferta. Ahora, Rafaeles Hernandos varios fanfarronean libremente por nuestra vieja piel de toro bajo la protección de don Mariano, que ha conseguido que el barco popular ponga rumbo a ninguna parte.

    Aun así ahora resulta que "Non Plus Ultra" después de nosotros. Que somos nosotros o el caos. Y repiten el eslogan como si ese "nosotros" no fuera ya un caos en sí. Y esperan que el resto de partidos les regalen su escaños sin condiciones, porque ellos lo valen, porque les han votado 2,8 personas de cada 10. Y se sorprenden cuando no se acepta al Mariano de los Luis, sé fuerte o de los yo te quiero, coño. Y criminalizan al Psoe y a quienes hablen con él, mientras le cantan al oído "O tú o nada".

    Mariano, lo comprendas o no, en España no se vota al Presidente, sino al Grupo Parlamentario. Legalmente, el Rey podría hasta proponer a investidura a cualquier persona, esté en listas o no, que sume apoyos parlamentarios. No vendas entonces que votan a tu persona, aunque si tan seguro estás de esto podrías probar a hacer unas primarias...
No, ¿verdad? porque en el fondo sabes que si pudieran, dicho lo dicho, hasta los tuyos te dirían: Contigo no, bicho.

   

jueves, 4 de octubre de 2012

"Al recuerdo del que fue un gran programa"

Atraído por la idea de un mundo mejor, el músico alemán Ludwing van Beethoven dedica en 1804 su tercera sinfonía a Napoleón Bonaparte. Para él, Napoleón encarnaba la idea de la Revolución, y sería él quien haría realidad sus sueños de libertad, igualdad... en definitiva de una patria grande, heroica. Y así llamó a su tercera sinfonía, la "Heroica".

Poco después, cuando Napoleón traiciona las ideas de la Revolución y se autoproclama emperador, Beethoven tacha con fuerza su anterior dedicatoria "a Bonaparte" y lo sustituye por algo como "al recuerdo del que fue un gran hombre".



Decía Aldous Huxley que la más grande de las lecciones de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia, y nosotros, como buenos españoles, tenemos que ser "eso y más" en todo... y en eso también, por desgracia. Así, no fue bastante el caos de "los de la rosa" en los 80 - 90, nos la volvieron a meter, esta vez "los de la ceja" en el 2004, y, lo que es más vergonzoso, repetimos en 2008, con dos cojones.

Ante el holocausto económico-político-moral en que nos hundió ese partido de cuyo nombre no quiero acordarme, la mayoría absoluta de los españoles mandaron a tomar fanta a las izquierdas españolas, entregando al programa que presentaba el Partido Popular no sus votos, sino su esperanza.
Meses después de las elecciones ¿qué queda del programa que votamos? 

Un amigo me dijo un día "me jode que me jodan, pero me jode más que me mientan", y creo que sus palabras las hace suyas más de uno ahora. El Psoe, que es la viva imagen de la mentira misma, está encantado, porque le están ahorrando hacer a él los recortes que manda Europa y el bolsillo de España, y que son fruto de su gestión. IU...ahí está con su canción de siempre. Y el PP... ay... 
Si es verdad que no sabíais el agujero que os dejaban, por qué no dijisteis:
"Señores, esto es lo que nos hemos encontrado y es mucho más serio de lo que decían. Tendremos que subir impuestos, recortar de aquí y de allá, etc, y quien diga que no es necesario esto, miente. Pero como el programa que habéis votado no lo podemos cumplir, aquí os presento el programa que hay que aplicar. Elecciones generales."

Qué bien hubierais quedado. Si hubierais vuelto a ganar, tendríais legitimidad real para hacer lo que estáis haciendo, para tomar las medidas que tanto criticabais, pues lo hubiera votado el pueblo. 

Hoy más de un "recortado" popular se pregunta por qué no recortan de la clase política en lugar de siempre al pueblo, como se le prometió antes de votar.

Hoy, a más de un votante popular sólo le queda aferrarse "al recuerdo del que fue un gran programa"

sábado, 30 de junio de 2012

Los circos de Nuremberg



          ¿Quién no ha experimentado un regusto agridulce tras asistir al espectáculo de un circo ambulante?
 Es inevitable, pues aunque cumplen su noble función de alegrar a los más pequeños, los menos pequeños ven claramente cómo las fieras mas salvajes del universo son en realidad animales moribundos, los payasos lo son por sus vestimentas… y poco más, los humoristas no hacen gracia, la mujer más fuerte del mundo no es fuerte, y lo que prometía ser “el espectáculo más grande jamás visto” es, en muchos casos, poco más que una fallida declaración de intenciones.

Algo así, pero mucho más dramático, ocurrió hace casi 67 años en la ciudad alemana de Núremberg, donde se iniciaron una serie de juicios para hacer justicia, o mejor dicho, ajusticiar a los líderes nazis presentes por sus horribles crímenes.

Era innegable la necesidad de juzgar a estos individuos, pero habría que pensar si se tendría que haber juzgado por algo a los juzgadores ¿no?

Haciendo un repaso a los miembros del Tribunal (Unión Soviética, EEUU e Inglaterra), no puedo evitar sentir un agudo pinchazo en el sentido común al ver dos jueces de la Unión Soviética estalinista juzgando a alguien por “crímenes contra la humanidad”. ¿Eran más humanitarios sus “Gulags” (campos de concentración)?, ¿o el exterminio deliberado del pueblo ucraniano, por ejemplo, en 1932-33?, ¿o su misma política?. Parece extraído de la fábula de la zorra que guardaba gallinas, sobre todo teniendo en cuenta que este régimen provoco casi las mismas muertes que la misma II Guerra Mundial. 

Por otro lado, me hubiera gustado preguntar también a los dos jueces de EEUU sobre quién iba a juzgar a los líderes de su país por, por ejemplo, utilizar bombas atómicas de destrucción masiva directamente contra la población civil unos meses antes de estos juicios en ciudades japonesas (no objetivos militares). En la actualidad es el único país del mundo que ostenta este logro.

Por último, me hubiera gustado preguntar a los dos jueces ingleses sobre las diferencias entre los crímenes cometidos por los nazis en sus ocupaciones de países para conseguir el “Espacio vital”, y los cometidos por ellos mismos en sus colonias por todo el mundo (como en Malasia, Kenia, etc). En la actualidad mantienen su espíritu bélico-colonialista visible en las Malvinas y hasta en Gibraltar si apuramos.

¿Fue necesario y justo juzgar a los nazis por sus horribles crímenes? Por supuesto, pero por un Tribunal real, no por uno sumarísimo. Aunque sólo fuera por respeto a las víctimas. Un Tribunal compuesto por jueces que no tengan más motivos por los que callar que por los que hablar.

Fue, como en un circo, la consecución de una causa justa con unos medios...al menos discutibles. 

Fue la promesa de la justicia impartida por los justos, pero sin los justos.

Fue como imaginar un juicio económico actual contra Grecia en la que los jueces sean España, Italia y Portugal.

Fueron los circos de Núremberg.